Un columnista de tecnología del New York Times y antiguo miembro del staff de Slate, Farhad Manjoo, ha pasado dos meses informándose sólo a través de medios impresos, para poder comparar qué se pierde y qué se gana cuando una persona se desconecta de las fuentes informativas digitales (redes sociales, alertas, medios online…) y su información proviene sólo de lo que publica el periódico impreso cada día.

Farhad Manjoo

Farhad decidió “viajar en el tiempo” y desconectarse de todas las redes sociales y de todas las notificaciones y medios digitales y se suscribió a la entrega a domicilio de tres periódicos impresos: The Times, The Wall Street Journal y un periódico local, The San Francisco Chronicle, más una revista semanal, The Economist.

Según narra Manjoo en el propio New York Times, la última información que recibió por los nuevos canales fueron noticias del tiroteo en la escuela en Parkland, Florida, a través de una alerta en su reloj, que había olvidado desactivar.

A partir de ahí, “hubo muchas cosas que me alegré de echar de menos. Por ejemplo, no vi las afirmaciones falsas , posiblemente amplificadas por bots de propaganda, de que el asesino era un izquierdista, un anarquista, un miembro de ISIS y quizás uno de los múltiples tiradores. Me perdí el informe de Fox News que lo relacionaba con los grupos de resistencia sirios incluso antes de que se publicara su nombre. Tampoco vi ela información difundida por muchos medios de noticias así como por el senador Bernie Sanders y otros liberales en Twitter de que la masacre había sido el 18° tiroteo escolar del año, lo cual no era cierto”.

“En cambio, -continúa su narración- el día después del tiroteo, una persona amable que nunca conocí dejó tres periódicos en la puerta de mi casa. Esa mañana, pasé tal vez 40 minutos analizando el horror del tiroteo y un millón de otras cosas. No solo había pasado menos tiempo con la historia que si la hubiese seguido mientras se desarrollaba en línea sino que también estaba mejor informado. Debido a que había evitado los errores inocentes, y la mala dirección más maliciosa, que habían prevalecido durante las primeras horas después del tiroteo, mi primera experiencia con las noticias fue una descripción precisa de los eventos actuales del día”.

Pasó la mayoría de los días desde que decidió desconectarse obteniendo las noticias principalmente de los medios impresos, aunque se permitió podcasts y boletines informativos por correo electrónico. “Básicamente, estaba tratando de atrasar el acceso a las noticias rápidas. Quería estar informado, pero estaba buscando formatos que apreciaran la profundidad y la precisión sobre la velocidad”.

“Fue un cambio de vida -reconoce-. Apagar el zumbido de la máquina de noticias de última hora que llevo en el bolsillo fue como librarme de un monstruo que me tenía marcado, siempre listo para entrar en mi día con boletines medio cocinados. Ahora no solo estoy menos ansioso y soy menos adicto a las noticias, sino que estoy más ampliamente informado (aunque hay algunos puntos ciegos). Y estoy avergonzado por la cantidad de tiempo libre que tengo – en dos meses, logré leer media docena de libros, y (creo) me convertí en un esposo y padre más atento”.

Entre esos puntos ciegos, el autor cita como ejemplos, que las páginas de los periódicos son demasiado grandes, el tipo es demasiado pequeño, y en comparación con un teléfono inteligente, un periódico es más complicado de consultar sobre la marcha, o que el diario impreso es más costoso, y que por ejemplo una suscripción impresa al The Times fuera de Nueva York por un año (a domicilio) vale lo mismo que el más caro iPhone de Apple.

Pero gracias a los periódicos impresos “obtienes noticias. Eso suena obvio hasta que lo intentas, y te das cuenta de que lo que obtienes online no son noticias, sino algo así como un flujo interminable de comentarios, qué más que iluminarnos, distorsionan nuestra compresión”.

La experiencia completa de Farhad Manjoo puede leerse en el New York Times.

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