Susana Pérez-Soler, periodista y doctora en Comunicación Digital por la Universitat Ramon Llull y profesora de Periodismo digital en la Facultat de Comunicació Blanquerna, ha dedicado gran parte de su investigación académica a analizar la interrelación entre medios y redes sociales. Parte de esas investigaciones las ha dado a conocer en su libro Periodismo y redes sociales. Claves para la gestión de contenidos digitales (UOC).

Pérez-Soler asegura que las redes sociales son para el periodismo los kioscos del siglo XXI, ese escaparate en el que ahora se muestra parte de los contenidos, aunque considera que el uso que se está haciendo de las redes, en cuanto a distribución, por parte de muchos medios, es erróneo, porque se está produciendo entretenimiento y no periodismo, con un objetivo cortoplacista, determinado por el modelo de negocio de publicidad en masa. Cree que es necesario que los medios empiecen ya a replantearse muy en serio el tipo de producto que están enviando a las redes, si quieren algún día cobrar por contenidos.

Con Susana hablamos también de la cobertura periodística que se ha realizado sobre el caso de la Manada, sobre la que también ha investigado. “Ha habido espacios de tertulia y de debate en los que se ha cuestionado abiertamente la actitud de la chica, que si había bebido, que si se había besado… Se ha puesto el foco en la víctima“, indica.

 

 

PREGUNTA (P). Abordas en tu libro, de manera extensa, la relación entre los medios de comunicación y las redes sociales. Muchos medios aplicarían aquí, valga la ironía, aquello de que Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio…¿Cuáles serían las reglas que deben regir esa relación entre medios y redes sociales? ¿Cuál es el uso más conveniente?

RESPUESTA (R). El debate ya no es si estar o no estar, sino cómo estar. Para cualquier empresa periodística es imposible hoy en día permanecer al margen de la transformación digital y la transformación digital no pasa por abrir un perfil en Facebook o una cuenta de Twitter, sino que va más allá. Altera el tipo de contenidos que se hacen y a los mismos periodistas, que tienen que cambiar la mentalidad e incorporar las nuevas herramientas en su día a día.

Esas herramientas se incorporan tanto en la etapa de producción de las noticias, a la hora de buscar fuentes y contactar con ellas, como a la hora de documentarse, o incluso para buscar noticias, y también en el momento de difundir esa información.  Cuando queremos dar una noticia, tenemos que usar las redes sociales.

Una de las cosas que explico en el libro es que los kioscos del siglo XXI son estos escaparates, estas redes sociales. Las empresas periodísticas tienen que ir donde está el público y hoy el público está en las redes sociales. Ahí está la audiencia. Otra cosa es que nos guste más o nos guste menos, pero el debate ya no es si queremos estar o no queremos estar. Lo que hay que ver es cómo se va y a qué, y ahí es importante que se haga una reflexión sobre el tipo de producto que se está enviando: si enviamos entretenimiento y no periodismo, lo que recibiremos no serán lectores interesados en la información.

 

(P). Hasta la eclosión de las redes sociales, la agenda-setting, esa capacidad de influencia sobre el público al determinar qué asuntos poseen interés informativo y cuánta importancia se les da, con ciertos matices importantes, la marcaban los medios de comunicación, pero últimamente, en un porcentaje nada desdeñable, la agenda-setting, una parte importante al menos, la marca lo que es trending en redes sociales, lo que más retuits tiene, lo que es más viral o contagioso, que no siempre es lo más importante.  ¿Cómo podemos empezar a revertir esta situación y que la agenda de los medios no esté tan mediatizada por aquello que es o se sabe que va a ser trending topic en las redes sociales?

(R). En el paradigma tradicional eran los periodistas los que marcaban la agenda. Tenían el monopolio tanto de la producción de contenidos como de la difusión. Dominaban los que tenían esa torre de emisión o esa rotativa. Tras la aparición de las redes sociales, las herramientas para producir y distribuir contenidos están en manos de cualquier usuario. Cualquier ciudadano puede producir un contenido y difundirlo a escala global.  Y esto es importante porque es el origen de todo, el detonante del cambio, porque hay nuevos actores que influyen en el establecimiento de la agenda-setting.

Y efectivamente, uno de los resultados es que hay mucho contenido viral. Y el contenido viral, es cierto que no es el más periodístico. Van a hacer antes click en noticias virales que en noticias importantes. El peligro es que lo viral, lo social -y eso lo explica muy bien Delia Rodríguez en su libro Memecracia, y José Manuel Noguera tiene libros interesantes en este sentido- está muy lejos de lo que nosotros entendemos por periodismo. Pero ojo, que los medios también están haciendo mucho entretenimiento. A todo lo llamamos periodismo, pero no es así.  No es que las redes, o los usuarios de las redes crean contenido viral y los medios lo recuperan; es que son los propios medios los que también lo crean. Hay que recuperar qué es periodismo y separarlo de lo que es puro entretenimiento. Y hay que empezar por ahí.

La mayor parte de los medios sigue apostando por el “clickbaiting” por razones económicas del momento, del ahora, del corto plazo

(P). Si no toda, mucha parte de culpa de esta banalización de contenidos por parte de los medios y su difusión en las redes sociales con titulares “clickbaiting” la tiene el modelo de negocio elegido, basado en CPM en modo “bulk”.  ¿Un modelo de negocio que se apuntale sobre el cobro por contenidos de calidad, hará remitir esta plaga de noticias banales y titulares engañosos?

(R). Indudablemente. Y los que no cambien ya la mentalidad lo van a pasar muy mal. La mayor parte de los medios sigue apostando por el “clickbaiting” por razones económicas del momento, del ahora, del corto plazo. Si el modelo de negocio está basado en el tráfico, lo que necesitas es crear estos contenidos de entretenimiento para conseguir que muchos usuarios hagan click y tener más impresiones y más usuarios que mostrar a los anunciantes para pedir más dinero por la publicidad. Pero eso genera varias preguntas. ¿Tiene esto recorrido, o cada día el daño que se hace es mayor al futuro de ese medio?  Y, por otro lado, la otra pregunta es: ¿es eso periodismo? ¿realmente los periódicos están haciendo periodismo?

Hay, sin embargo, algunos medios que están apostando por la suscripción, por los muros de pago, por ofrecer contenido con valor añadido, y están empezando a tener éxito. Creo que la gente está dispuesta a pagar por el periodismo, pero dispuesta a pagar por un contenido por valor. Estamos aprendiendo en este sentido de la cultura del entretenimiento. Empezó la música con Spotify y ahora ha seguido con lo audiovisual, con Netflix, HBO y otras plataformas.

Si quiero ver una serie que sólo está en Netflix, tengo que suscribirme. Me están aportando un valor añadido. Pero con los medios, en un gran porcentaje, el producto es un copia/pega o noticias de agencia, o hay muy poca producción de calidad, porque a corto plazo sale más rentable hacer seis noticias de entretenimiento que una realmente de calidad.

Creo que no está habiendo recursos suficientes, en algunos casos, pero falta de valentía en otros, para hacer apuestas más centradas en la calidad, en la diferenciación. Cuando a diario ofreces contenidos diferenciales, que no se encuentran en otro sitio, por su calidad o por su alcance, al final los lectores, cuando buscan calidad y credibilidad, van a ese medio y eso es un buen punto de partida para el cobro por contenidos.

Pero si pones en Google cualquier tema, empiezan a salirte enlaces de periódicos, y vas leyendo, te das cuenta de que casi todos son iguales, que pocos aportan valor añadido de manera notable y constante, y eso es una rémora para la recuperación del sector.  Pocos están haciendo esa apuesta por la calidad de manera constante y decidida. Estamos asistiendo a un suicidio colectivo. Creo que el camino más bien es el contrario: una apuesta por la calidad, aunque sea para un público más reducido, o de nicho, para una comunidad que esté dispuesta a pagar; una comunidad culta o que realmente tenga interés por las noticias.

 

(P). ¿Y esa comunidad culta a la que te refieres, puede encontrarse en algún rincón de las redes sociales o realmente las redes sociales sólo pueden aportar tráfico cuando es información liviana o de entretenimiento, porque no es el lugar en el que habitan esos lectores potencialmente interesados en el periodismo de calidad?

(R). Es verdad que lo que vemos que se viraliza, lo que más tráfico aporta desde las redes sociales, es contenido de entretenimiento. Creo, no obstante que, como primer paso, hay que hacer la apuesta por esos proyectos periodísticos de calidad, volver a esa dinámica en la que antes se podía liberar a un periodista tres o cuatro días para hacer reportajes de mucha calidad, y luego ya veremos lo que sucede con las redes sociales. Habrá una parte que estará ahí y la podremos captar para contenidos de calidad, cuando hay continuidad y reiteración en el periodismo de calidad.

Lo que no podemos pretender es estar día tras día, durante mucho tiempo, enviando entretenimiento para que se viralice, y que se haga una noticia de calidad y tenga que pensarse que van a venir a suscribirse inmediatamente o que porque no vayan no hay espacio para ello.

El peligro no son tanto las burbujas de filtro sino desconocer que existen

(P). Un peligro asociado desde hace tiempo al uso de las redes sociales es la tendencia a que nos muestren sólo aquello que encaja con nuestra forma de entender el mundo, basándose en nuestros patrones comportamentales previos. Las burbujas filtradas, como las bautizó Eli Pariser. ¿Cómo reducimos esta tendencia a que las redes sean un espacio de confort ideológico en el que es difícil que nos encontremos con una opinión contraria a la nuestra?

(R). El peligro no son tanto las burbujas de filtro sino desconocer que existen. Internet es un ecosistema complejo y complicado. En el momento en que damos la posibilidad de personalizar esos contenidos para que cada uno los adapte a su gusto, lo que estamos haciendo es crear micromedios. Si eso ya lo tenemos en internet y lo usamos como audiencia activa, en las redes sociales esto se amplifica.

La información que recibimos está supeditada a nuestro comportamiento digital previo. Ahí se crean esas burbujas. En realidad, son como barrios en los que vivimos, aunque realmente existe la posibilidad de salir de ese barrio y aventurarnos por otros.

Es difícil romper este sistema de barrios, pero en parte creo que es la gracia de las redes sociales. Ya tenemos otros medios que nos ofrecen una difusión masiva para todos y es necesario que estén. Esto me permite hacer un consumo más a la carta y no tiene que ser necesariamente negativo, si se conoce que realmente es así. Ese es el quid de la cuestión. Hay que educar a los ciudadanos para que sepan que cuando están en una red social, operan las burbujas de filtro, están en su barrio, y que es bueno que salgan de ese espacio para explorar otros barrios y encontrarse otras formas de ver la vida. Si no se hace, si no existe esa educación, sí que hay un peligro real de polarización de la sociedad. Cuando se confunde mi barrio con el mundo, mi burbuja con todo internet, entonces empieza el peligro de verdad.

 

(P). Los últimos estudios apuntan a que, debido a las fake news y a la desinformación, muchos lectores que accedían a la información a través de las redes sociales están volviendo o en el caso de los más jóvenes, descubriendo los medios de comunicación, para buscar veracidad. ¿Es un camino sin retorno y la información volverá a buscarse mayoritariamente en los medios de comunicación o algo meramente coyuntural?

(R). Creo que es algo que se explica por la evolución de las propias redes sociales. Cuando surgieron y se fueron consolidando, la imagen era que aglutinaban lo mejor de cada espacio; había unas expectativas altísimas. Ahora, sencillamente, estamos situando las redes sociales en su espacio real. Hemos asistido, en parte, a un desencanto con las redes sociales, porque tal vez imaginamos que no tenían contrapartidas, y ahora se ha visto, con todo lo de las filtraciones y con las “fake news”, que no es así. Estamos situándolas en el espacio que les corresponde, y dentro del panorama informativo, si en algún momento se han confundido redes con producción veraz de información, esa imagen ya no existe y de ahí que muchos opten por buscar información en los medios de comunicación, que deben contrastar y verificar los hechos y hay cierta garantía de veracidad.

La cobertura del caso de la Manada es un ejemplo de mala praxis periodística, al poner el foco en la víctima

(P). Una última pregunta muy pegada a la actualidad. Has hecho un seguimiento especial a la cobertura que los medios de comunicación han hecho sobre el caso de la Manada. ¿A qué conclusiones has llegado?

(R). He estudiado la cobertura mediática sobre el caso de la Manada en las tres televisiones más vistas de Cataluña: Telecinco, Antena 3 y TV3. La mala práctica ha estado asociada, sobre todo, a las televisiones privadas. Por ejemplo, poner el foco en la víctima. Ha habido espacios de tertulia y de debate en los que se ha cuestionado abiertamente la actitud de la chica, que si había bebido, que si se había besado… Se establecen unas relaciones causa-efecto muy dañinas. Como la chica había bebido, eso ya implica que puede pasar cualquier cosa, o que, si se había besado con uno, era predisposición para mantener relaciones con los cinco; o el hecho de que los acompañara al hotel, eso ya parecía presuponer que estaba hecho con miras a tener relaciones con los cinco.  Todas estas prácticas las he ido desgranando y poniendo de relieve estos mecanismos que no contribuyen a relatar de manera objetiva el suceso.

Lo que hacen los medios, en realidad, es lo que está dentro de nuestro sistema social. Vivimos en una sociedad patriarcal, con una cultura machista, y dado que la mayor parte de decisiones las toman hombres, repercute en la manera de informar acerca de una violación o de un asesinato. Estamos cansados de leer titulares del tipo Muere una mujer… cuando la mujer ha sido asesinada.  La lectura que hace el medio es el reflejo de la sociedad que tenemos.

El primer paso para erradicarlo es ser conscientes de este problema, darnos cuenta de cómo estamos informando y una vez está detectado, hay que ir aplicando soluciones, como por ejemplo llegar a la paridad en las redacciones. En las empresas periodísticas el porcentaje es un 60% de hombres y un 40% de mujeres, cuando en las facultades de comunicación, en la universidad Blanquerna, por ejemplo, donde yo doy clases, el porcentaje de estudiantes es un 80% de mujeres y un 20% de hombres. Algo está pasando aquí.

Luego también hay un problema de paridad en los cargos de dirección. Es imprescindible avanzar también en esa dirección porque ahí sólo hay un 10% de mujeres en esos cargos, y ahí es donde se decide qué noticias entran y cuáles no, y qué tratamiento se hace. Cuando todo esto empiece a normalizarse, podremos ver un cambio en las coberturas informativas, no sólo en lo que afecte a la mujer, sino en la perspectiva general.

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