MIGUEL ORTEGO RUIZ. Está de moda. No hay resumen de prensa, informativo nacional, programa de radio, tertulia o artículo periodístico que no trate las noticias falsas (en inglés “fake news”).

Las fake news, o noticias falsas, son simplemente eso: noticias que no siendo ciertas acaban por convertirse en “verdad”. Ya lo decía el experto en comunicación política Joseph Goebbles cuando afirmaba que “una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad”. Y así es. Con las noticias falsas ocurre lo mismo.

La única diferencia con aquélla oscura época es que esta vez intermedia la tecnología y que las combinaciones de ambas convierten a este nuevo fenómeno informativo en un arma de una potencia incalculable. Tanto es así que las últimas elecciones a la Casa Blanca norteamericana se han visto salpicadas por este fenómeno hasta el punto que algunos analistas políticos apuntan que las noticias falsas creadas y difundidas por Rusia han sido el factor determinante para inclinar la balanza en la victoria de Donald Trump.

Como todos los conceptos cuyo potencial es enorme y que pueden ser muy peligrosos, lo primero que hay que hacer es buscar un eufemismo para decir lo mismo pero que suene bien y nadie pueda relacionar del todo con lo que realmente es. Por eso, los medios llaman a las fake news, la “posverdad”, cuando en realidad debieran llamarle “bulos” o, simplemente “mentiras”.

La capacidad de distribución de información que tienen las redes sociales ha conseguido que las fake news sean un “arma de destrucción masiva” de los sistemas electorales y democráticos. Por esta razón, ya hay gobiernos a las puertas de elecciones generales que se han apresurado a tratar de combatirlas, como Francia o Alemania.

Este último, ha llegado a un acuerdo con Facebook para que en el país germano la red social implemente un mecanismo de control de las noticias falsas, preocupados por las consecuencias de una campaña electoral a lo yankee. La herramienta desarrollada por Facebook localiza presuntas noticias falsas con la ayuda de los usuarios y éstas se marcan como “disputed” (esto es “discutido” o “en litigio”), aunque todavía nos faltan muchos detalles por conocer.

Este sistema toma como premisas algunas de las soluciones ya apuntadas por algunos autores españoles en materia de derecho digital o iLaw, cuando apuntaban la posibilidad de crear una “cuarentena” para contenidos que fueran perjudiciales y cuya retirada posterior no compensara el daño que pudiera hacer (*). Si bien, todo ello se complica por la importancia de llevar a cabo estas acciones en el máximo respeto de la legalidad vigente.

Lo cierto es que, a la espera de saber los detalles particulares de la herramienta que finalmente implemente Facebook para el control y retirada de las noticias falsas, una duda viene rápidamente a la mente: ¿cómo se puede conjugar una herramienta que detecta de manera automática—o mediante algoritmos, que en definitiva son automáticos—presuntas noticias falsas y el derecho a la libertad de expresión en una sociedad libre y democrática cuya única institución o entidad capacitada para limitarlo o restringirlo es un Juez o Tribunal y conforme a la Ley?

Podríamos encontrarnos con una situación dada en la que se publicara una noticia, que tal noticia fuera tachada de falsa—quizá por intereses espurios—y que la herramienta de Facebook decidiera retirarla sin más y sin previa autorización judicial. ¿Y si resultara que finalmente la noticia era cierta? Estaríamos claramente en un caso de censura, conculcando la libertad de expresión y de información. Máxime cuando ello obedece a una herramienta privada de una empresa privada conforme a unos criterios y algoritmos desconocidos y poco transparentes.

En EE.UU. existen ya procedimientos que tratan de conjugar estos dos factores en el caso de alojamiento ilícito de contendidos por prestadores de servicios de intermediación, los conocidos como Notice & Take Down Procedures que por el mero hecho de estar regulados por ley—como expresión de la soberanía del pueblo—o a través de una norma infra legal, tienen mejores perspectivas de prosperar en la regulación de los ilícitos en la Red.

Otros, como por ejemplo el diario El País, pretenden combatir esta lacra para el periodismo de calidad y rigor que suponen las noticias falsas mediante un sistema colectivo y democrático de contraste de la posverdad. Así el diario ha publicado recientemente el blog Hechos en el que se desmienten—o trata al menos de hacerlo—las noticias que no son ciertas y atentan contra el periodismo contrastado y veraz.

En mi humilde opinión, el sistema de El País no solo es más efectivo, sino que, en principio, lleva a cabo tan encomiable laboral en el máximo respeto de los derechos y principios de nuestro ordenamiento jurídico.

Sea como fuere, todo ello pone de relieve que Internet no es un soporte más, sino un mercado nuevo y diferente en el que las viejas reglas jurídicas se quedan muy atrás debiendo apostar de pleno por el iLaw.

(*) Vid., ORTEGO RUIZ, Miguel, Prestadores de Servicios de Internet y alojamiento de contenidos ilícitos, Editorial Reus 2015, pág., 81

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